No he parado de recibir y de escuchar esta semana mensajes sobre el día de la madre.
Toda la semana la publicidad se ha centrado en recordar que cosas nos pueden gustar a las madres y sugerir ese regalo perfecto para nosotras. Un perfume, una joya, una crema, un maquillaje, delantales, algún electrodoméstico (los más retrógrados)…
Nada de un viaje con amigas, una aventura sola en la naturaleza, entradas para el cine o el teatro para personas adultas, un masaje en un lugar paradisíaco o un buen vino.
Y qué decir de los mensajes que acompañan esas propuestas de regalos o de películas para el día de la madre.
Películas, mensajes y felicitaciones que siguen reproduciendo el rol de la madre abnegada, sacrificada, eternamente disponible y dispuesta a renunciar a todo por sus criaturas. Mensajes que nos siguen llenando el imaginario de quien es la madre ideal y reproduciendo los roles que el patriarcado ha diseñado para nosotras.
Y en otro estilo, está el mensaje y la felicitación por ser una súper woman, una mujer que puede con todo y que siempre lo hace con el mejor talante y la más amplia sonrisa. ¡Que forma de legitimar el abuso de la capacidad femenina de cuidado, de negar emociones y sentimientos de cansancio, hartazgo, aburrimiento y pereza que sentimos en determinados momentos.! Invisibilizando estas emociones y reacciones humanas, estamos tapando el sufrimiento y situaciones abusivas que seguimos soportando las mujeres, por el hecho de serlo, por el hecho de que son los roles y los mandatos de género sobre la maternidad que nos dictan.
Es tremendo que en 2021 sigamos con este tipo de mensajes taaaaannnnn extendidos.
Por eso aprovecho para felicitar a las madres que dicen que NO,  a las que no se quedan para el final en la lista de prioridades, a las que tienen un espacio y una habitación propia que no comparten, a las que dan tanto valor a la familia como a sus amigas, a las que trabajan fuera – dentro y entre medias de casa, a las que se regalan flores a sí mismas, a las que hacen viajes por el mundo exterior y por el mundo interior, a las que bailan como locas, a las que se comen la última onza de chocolate o el último yogur, a las que se duermen y llegan tarde, a las que se  despeinan, en definitiva, a las que se salen de los mandatos patriarcales y sostienen todos los pensamientos, todas las emociones, todos los juicios tanto internos como externos que suponen salirse de la «buena madre».
Para nosotras y para ellas; FELIZ DÍA DE LA MADRE FEMINISTA.
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